Si pensamos en mujeres «de armas tomar», tal vez se venga a la cabeza el encontronazo de Serena Williams con el juez de silla Carlos Ramos. Ahora que ha salido una película que recorre los inicios de la carrera deportiva de las dos hermanas se recuerdan muchos momentos épicos de su carrera deportiva, incluido ese enfado monumental en el Open de Australia en el 2018. El resultado del enojo se saldó con unas palabras desafortunadas y una raqueta destrozada. Pero ¿por qué se recuerda este momento y otros similares, protagonizados por hombres, han caído en el recuerdo? ¿Será que censuramos la agresividad de la mujer en el deporte?censuramos-la-agresividad

La agresividad de la mujer en el deporte: dos varas de medir diferentes

Lo cierto es que sí parece haber dos varas de medir a la hora de juzgar la agresividad de la mujer en el deporte. Mientras que a ellas se las feminiza, a ellos se les masculiniza. Es decir, todavía existe el «es propio de los hombres» y el «es impropio de una mujer». Así lo demuestran algunos estudios, como el realizado por Dorothy Schmalz (Clemson University) y Deborah Kerstetter (Pennsylvania State University) en el año 2006. En este trabajo sobre la conciencia del estereotipo de género en el deporte infantil se llegó a una conclusión que todavía hoy se sigue percibiendo: existen estigmas si no se siguen las reglas sociales.

Hoy, la tendencia es decreciente, pero todavía se debe seguir trabajando en la línea de la igualdad. Todavía se perciben algunos estereotipos sobre las conductas asociadas al deporte dependiendo de si se trata de niños o niñas, creándose así algunas reglas sociales que estigmatizan a quien se desvía de ellas. Por tanto, se toleran más unos comportamientos y menos otros dependiendo del género.

¿Dónde se hacen más evidentes las diferencias?

Un detalle curioso es que no en todos los deportes ocurre este hecho. Por ejemplo, otro estudio del año 2001, realizado por Lori W. Tucker y Janet B. Parks (Bowling Green State University), llega a la conclusión de que en los deportes de contacto la diferencia parece ser menos notable. La permisividad ante la agresividad de las mujeres es la misma, siendo tolerada y promocionada por los preparadores y secundada por los seguidores.

Es en deportes de no contacto donde las expectativas de género son más significativas, esperándose una reacción más sumisa y calmada por parte de las mujeres. Por el contrario, se justifican, se entienden y se perdonan con más frecuencia los enfados en el caso de los hombres.

La forma correcta de ver los asuntos

Lo ocurrido con Serena Williams, mencionada al principio, no fue defendido por todas las mujeres deportistas. Por ejemplo, Martina Navratilova comentó respecto a lo ocurrido:

«Es cierto. Hay un inmenso doble estándar para las mujeres cuando se trata de castigar el mal comportamiento, pero no creo que sea una buena idea aplicar el estándar de “Si los hombres pueden hacerlo, las mujeres también”. Más bien, creo que la pregunta que debemos hacernos es cuál es el comportamiento correcto para honrar a nuestro deporte y respetar a nuestro oponente».

Por lo tanto, la agresividad de la mujer en el deporte debería estar limitada al desempeño personal. En ningún caso tendría que formar parte de reacciones coléricas contra los árbitros o los oponentes. Eso sí, esta misma regla debería ser igualmente aplicada a los deportistas masculinos, sin ningún tipo de distinción. En SportsWrap creemos que el fair play y el respeto deben estar presente en todo tipo de competiciones por igual.